sábado, junio 19, 2021
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En el Bajo Cauca antioqueño viven la conciencia medioambiental

José Florez es un indígena del pueblo Zenú y vive en la Isla de la Amargura, justo en la mitad del río Cauca, en el municipio de Cáceres, Bajo Cauca de Antioquia.

El hombre, de unos 40 años, moreno, bajo de estatura, con un sombrero vueltiao que protege su cabeza del sol, y una mochila terciada, lanzó una frase apesadumbrada y contradictoria: “Vivimos rodeados del segundo río más importante de Colombia, y no tenemos agua para tomar”.

La sentenciosa expresión de Florez no sorprendió a los asistentes al salón principal del hotel Beijing, en la zona céntrica de Caucasia, el pasado 26 de octubre, donde por invitación de la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (Corantioquia) se realizó un acto de distinción a 23 proyectos comunitarios ambientales.

Y no asombró demasiado porque ella describe la agobiante realidad de muchos sectores del Bajo Cauca antioqueño caracterizados por las prácticas inadecuadas en las actividades domésticas y productivas que van en detrimento de la calidad de vida de los cerca de 305.000 habitantes de ese territorio.

Por ejemplo: talar árboles para sacar leña y usarla para cocinar y el desvío de aguas para destinarlas a las labores pecuarias.

ELTIEMPO