lunes, julio 26, 2021
Barrancabermeja

Así fue el otro desastre petrolero en la Lizama de Barrancabermeja hace 52 años

«La estructura destrozada desapareció en el espacio formando luego una lluvia de pedazos de hierro incendiados sobre el extenso campo. La tierra vomitó fuego del lugar de la explosión y como una lengua monstruosa se alzó crepitante».

Así se registró la catástrofe en las páginas de Vanguardia Liberal, el 30 de octubre de 1966. El miedo ingresó en los hogares de Barrancabermeja y los ojos del país se fijaron en el pozo 13 del campo la Lizama de Ecopetrol.

El pasado 2 de marzo, fecha en la que del pozo 158 comenzó a salir crudo, las miradas de los colombianos se volcaron nuevamente a las 15.812 hectáreas que tiene el campo de Ecopetrol en esta zona de Barrancabermeja, Santander.

A medida de que el afloramiento seguía expandiéndose y abriéndose paso por la quebrada la Lizama hasta llegar al río Sogamoso, crecía el interés del país en conocer más acerca del pozo, del campo y de las actividades de Ecopetrol.

Este desastre ambiental, del que todavía no se sabe cuántas pérdidas dejó, no ha sido la única vez en la que Ecopetrol se ve envuelto en una calamidad de esta magnitud, ni la primera vez que llaman a expertos en Estados Unidos para ‘solucionar’ su problema. Esta es la historia de otro daño en un pozo, a 341 metros y 52 años de distancia del 158.

El desastre en el pozo 13

Pasada la una de la tarde del 29 de octubre, dos trabajadores de la petrolera estatal fallecían bajo las inclementes llamas que dejó una explosión en la torre del pozo número 13 en el campo de la Lizama, a 40 kilómetros aproximadamente de Barrancabermeja.

A pesar de que los separaban 50 minutos de trayecto en carro, los habitantes del Barrancabermeja se sumieron en un profundo temor que se incrementaba cada vez que se conocía más información sobre el hecho.

«A la 1 de la tarde se produjo una explosión violenta y en la torre del pozo N13 en plena producción. Destrozada desapareció en el espacio formando luego una lluvia de pedazos de hierro incendiados sobre el extenso campo»,decía el periodista judicial de la época en la página doce de Vanguardia Liberal el 30 de octubre.

La llamarada, que en un primer momento alcanzó una altura de cuarenta metros, destrozó toda la torre y se llevó en segundos la vida de Marco Rueda y Rafael Morales, empleados de Ecopetrol. Otros cinco trabajadores se debatieron entre la vida y la muerte en el Hospital del corregimiento El Centro de Barrancabermeja.

«Hacia el lugar de la catástrofe han estado saliendo numerosas comisiones llevando auxilios y equipos para prepararse contra la invasión del fuego con una llamarada crepitante horrorosamente a una altura de cuarenta metros».

Vanguardia Liberal publicó en ese entonces que este pozo «distinguido con el cabalístico N13» era uno de los más productores de petróleo si se tiene en cuenta que daba de 12 a 15 mil barriles diarios.

El monstruo que amenazó a Ecopetrol

La violenta explosión en el pozo 13 alarmó tanto a los directivos de la petrolera que lo primero que hicieron una vez conocieron el«vómito de fuego» dentro de su campo fue llamar a expertos en el tema para revisar cómo podía ser apagado el «monstruo».

«La extinción de estos incendios que pueden arruinar completamente una compañía petrolera y en este caso sería Ecopetrol dueña del pozo, no pueden ser apagados sino mediante estudios técnicos muy especiales. Motivo por el cual ayer la primera preocupación de la empresa al enterarse de lo ocurrido fue la de llamar tales técnicos a los Estados Unidos».Vanguardia Liberal, octubre 30 de 1966.

Cerca de seis horas después del estallido falleció la tercera víctima, Alirio Vega. En Barrancabermeja no daban crédito de la gravedad del incendio y decenas de personas llegaron a curiosear al pozo. Por esta razón, la petrolera decidió cercar el sitio y no permitió el paso de ningún ciudadano a menos de 500 metros de la poderosa llama.El miedo que los barranqueños le tenían al monstruo seguía creciendo.

Esa gran montaña de fuego amenazó además las fuentes hídricas de la región y puso en peligro la agricultura y el ganado de los vecinos del campo petrolero. El crudo que salía en el pozo no se consumía totalmente con las llamas, por lo que se formaron arroyuelos negros que fueron a parar a las fuentes de agua del sector.

«Los arroyos de petróleo se deslizan sobre la quebrada La Lizama que desemboca en el río Sogamoso. De esta suerte los campesinos han tenido que recoger para sus servicios agua petrolizada y el ganado beber de la misma con consecuencias no previstas hasta ahora». Vanguardia Liberal, noviembre 3 de 1966.

Unos diablos apagaron el incendio

Dos temerarios estadounidenses trabajadores de la empresa Red Adair Company, que llegaron al calor de Barrancabermeja para enfrentarse al monstruo, encontraron la forma de vencerlo. Una solución arriesgada para un desastre incontrolable que, al 7 de noviembre, ya dejaba cinco víctimas mortales.

«Los ‘Diablos Rojos’, como los conocen en todos los continentes,  colocarán en la boca del cráter el poderoso explosivo. Penetrarán el círculo del fuego protegidos con trajes de asbesto. Son los únicos en el mundo que pueden realizar esta arriesgada tarea», explicó el periodista judicial de la época en las páginas de Vanguardia Liberal el 7 de noviembre.

Para estos expertos en fuego provocado en campos petroleros, tan intrépidos que ninguna compañía de seguros en el mundo los cubre, la más rápida y completa acción para erradicar las llamas que se elevaban a 1500 pies de altura era la nitroglicerina.

Los Diablos Rojos tenían la nada apetecida labor de introducir mil libras de Nitroglicerina dentro de la ‘boca del lobo’.

«Solos, asumiendo todos los riesgos, tienen que enfrentarse al fuego. Llegar hasta la boca del pozo y colocar la nitroglicerina, retirarse y hacerla detonar para que la capacidad explosiva remueva toneladas de tierra que ahogue las llamas», explicaba el periodista judicial de la época en las páginas de Vanguardia Liberal el 7 de noviembre.

El monstruo, amenazador y rugiente, quemaba 800 barriles de crudo diarios. La tarea de los Diablos Rojos, una labor suicida por donde se le mire, era manipular esa cantidad de nitroglicerina que equivale a cinco toneladas de dinamita en un pequeño espacio y así poder evitarle más pérdidas a Ecopetrol y a los campesinos de la región.

La explosión de la Nitroglicerina fue cien veces peor que la de la torre. «La tierra se sacudió y el sonido ensordeció por segundos a los pocos curiosos que estaban en el campo».

Pese a que se difundieron fechas falsas de la explosión para evitar aglomeraciones, hubo barranqueños que lograron acercarse al sitio.

«En cuestión de minutos el pozo 13 dejó de expulsar fuego» y los dos Diablos Rojos, triunfantes, dieron por terminada la emergencia.

«Millonarias pérdidas»

El jueves 12 de noviembre a la una de la tarde se extinguió el poderoso fuego que puso en el ‘ojo del huracán a Ecopetrol.

«El monstruo se mantuvo amenazador y rugiente durante 13 días, pero quedó fulminado gracias a la explosión de Nitroglicerina que colocaron cerca al cráter los «Diablos Rojos» de norteamérica, traídos por Ecopetrol especialmente para esta peligrosa labor» se lee en la página judicial de Vanguardia, el 14 de noviembre, debajo de una foto a blanco y negro que deja ver la magnitud de las llamas.

Este desastre, que dejó a cinco trabajadores muertos, le causó pérdidas a la empresa petrolera por $45 millones de pesos, «la mayor pérdida de la empresa desde su creación».

Fuente: vanguardia.com